Te despiertas ese día
sin saber lo que tenías
y hoy, lo que perderás.
Sí, es esa porción del corazón
ese yin de tu yan...
Pinta el punto de negro,
pues será más carga
la soledad que acompaña,
afloja y tira encadenada
presa de la pierna eterna.
Y porque nunca estuve,
quizás de cuerpo en mente,
ojalá de negro esperanzador
inventado todas esas fracciones
de mi verdadero yo.
Pero, aún no amanece,
el carmín sabe a nunca,
tu perfume noto a distancia...
Ahora toca mi parte,
aprenderé a odiarte.
P.
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