viernes, 23 de agosto de 2013

Irónico ¿verdad?

Hay ojos que ven
y corazones que no sienten,
aun sabiendo su verdad
la dejan escapar, marchar.

Herramientas que destruyen
y armas que contruyen,
en este mundo de locos
donde revés al todo está.

Lágrimas que sangran
y heridas que lloran
por sus amantes, por sus desventuras
y no paran, no madrugan.

Amores que equidistan,
distancias que sufren
y yo aqui sentado, esperando
que vuelvas como un imbécil.

R.

sábado, 17 de agosto de 2013

Nunca sabrás que estuve allí

Te despiertas ese día
sin saber lo que tenías
y hoy, lo que perderás.
Sí, es esa porción del corazón
ese yin de tu yan...

Pinta el punto de negro,
pues será más carga
la soledad que acompaña,
afloja y tira encadenada
presa de la pierna eterna.

Y porque nunca estuve,
quizás de cuerpo en mente,
ojalá de negro esperanzador
inventado todas esas fracciones
de mi verdadero yo.

Pero, aún no amanece,
el carmín sabe a nunca,
tu perfume noto a distancia...
Ahora toca mi parte,
aprenderé a odiarte.

P.

domingo, 11 de agosto de 2013

¡Sorpresa!

Caminando en sendero de la vida
encuentras verdades, encuentras mentiras
pero a menudo dos vías se cruzan
y comienza la eterna lucha,
esa en donde si más quieres
eres quien más pierde.

Esas almas se tropiezan,
un nuevo destino comienza
y aunque aún no se lloran
dejarán empezar la guerra.

Empezar con el deseo
terminar con el anhelo,
para no ir, ni venir,
ni quedarse, ni lejos estar,
tampoco hablar, andar o callar.
Es allí donde nos llevarán,
al paraíso final.

L.

miércoles, 17 de julio de 2013

Sin deseo robado

Yo querría crear nubes infinitas,
que los árboles hablasen
y los mentirosos callasen.
Haría de los pájaros inmortales
y que este canto alado quedará
para siempre eterno.

Se ocultan entre grietas
los no sienceros tras la niebla,
ellos escapan, se evaporan,
y allí malgastan sus horas
pensando y pensando
en no volver a verla.

Ellos se lo han merecido,
todo lo que arrebataron, todo,
no volverá a ser fingido,
no se seguirá soñando.

Y no dudarán en su sucia acción,
en volver a pactar
con el señor de rojo empedernido.

El diablo aparenta el instante,
pero su cara roja delata
las dos mil diez arrugas
que marcaron aquellos piadosos,
bandidos que apuestan mejor doble
que nada en el mundo,
y como viento eran, se fueron.

R.